Barranca del Álamo, área natural protegida

El ímpetu de manantiales y las lluvias que vienen del bosque descienden y cavan desde la prehistoria el cauce del río San Juan.

Ahí donde obligado tuerce se colocó un dique llamado Santa Julia y luego otro encima de él para detener el capricho de sus aguas, creando un nuevo cauce para dar vida a tierras más altas.

Su proceso constructivo fue acompañado con pocos recursos y materiales propios de la región como piedra volcánica, arena (que surgió de la propia excavación para cimientos) y nivelación del terreno, de troncos secos y de aquellos que fueron talados al elevar la presa Santa Julia, convirtiéndola en la presa El Panal.

En su margen poniente iniciamos hace 29 años la recolección de piedra con la que se edificó un remanso de paz, un abrazo con la naturaleza como el nido de un colibrí en la rama de un árbol de encino.

El proyecto tuvo un centro a partir del cual se trazaron: el ruedo, los cuartos, el comedor y la casa, de tal modo se mantuvo durante el proceso constructivo, armonía y funcionalidad.

Consideramos así que sus desniveles se adaptaron a la topografía y el uso de materiales regionales hizo un ambiente rústico, contemporáneo y acogedor, combinado con materiales modernos, consiguiendo también espacios luminosos.

Comenzamos abriendo puertas a los amigos y ahora a otros que buscan un entorno donde recobrar lo que la ciudad ha perdido.

Esta edificación hecha con tiempo, busca ser abrigo para familias que se quieran congregar o encuentro de compañeros de trabajo que busquen un ambiente natural que les permita recordar su rumbo o hacer uno nuevo. Es un espacio para estar y caminar, descansar y reflexionar o hacer deporte, reír, jugar, o cantar.

Diez recámaras en un ambiente naturalmente salvaje, con capacidad para hospedar hasta 40 personas, las cuales pueden realizar actividades al aire libre, en espacios cerrados o en su taller de manualidades.

Setenta hectáreas de vida silvestre con diferenciadas atmósferas, desde vistas abiertas, hasta la intimidad del lecho del río que transita dos kilómetros por la Barranca del Álamo.

Textos y Fotografías: José Manuel Rivero Torres