Lucha por el agua

Polotitlán desde su creación ha tenido discusiones sobre las aguas del río San Juan, con el estado de Querétaro, todavía algunos vecinos me cuentan que salían a defender su agua con rifle en mano, porque los de San Juan del Río llegaban a destrozar compuertas.

Desde que adquirí la Barranca de la ex-hacienda del Álamo sabía de esos pleitos y el canal que la cruza son parte del asunto, pues ahí fue construida la presa Santa Julia que llevaba las aguas de Arroyo Zarco o Río San Juan, provenientes de la Presa del Molino a tierras más altas a través del canal de Cazadero. En la cortina de esta pequeña represa había una placa de mármol que decía:

Presa Santa Julia, propiedad del Sr. D. Miguel Peón.

Comenzó su construcción el 5 de mayo de 1908 y se terminó el 15 de noviembre del mismo año.

Adquirí en el año de 1987 la Barranca de la Ex-hacienda del Álamo y un año más tarde cuando comencé la construcción, me encontré con la novedad de que lo que era de un verdor que no se aguantaba, estaba tan seco como el camino y las pocas personas que transitaban en él, me cuentan que querían dinamitar en el centro donde había un lloraderito, el único manchón verde.

El presidente municipal Manuel Bárcena me pidió que dejara pasar en burro a acarrear el agua ya que era de los pocos lugares donde había algo, por supuesto acepté. Dicen que hacía muchos años que no se tenía una sequía igual, dolía de ver a la gente.

Luego me percaté que había una pequeña poza con agua revuelta en el fondo, muy cerca de donde empezamos a fincar, así que con una bomba sumergible, de un caballo y siete espeledores, la subimos 50 metros; el día que salió agua del grifo, aunque estaba café, lo celebramos.

Por esas fechas estaba haciendo el libro “Esplendor y Poderío de las Haciendas Queretanas” y me entero por la escritora Martha Eugenia García que precisamente el canal de Cazadero había sido parte de un ancestral pleito entre Polotitlán y San Juan del Río.

Los de San Juan querían el paso libre del agua por su cauce original, pero los de Polo querían que paseara por sus tierras.  Así que la presa Santa Julia fue vital para que esas aguas pasaran por las tierras de San Antonio el Viejo.

En los 29 años que tengo de ser vecino, en la época de secas es cuando más cargado viene el canal, por lo que discurrimos aventarnos con unas lanchas inflables que nos llevaba hasta el camino que va del Álamo a Santa Ana Matlavat, era muy divertido y pesado el regreso cargando lanchas.

La presa Santa Julia, año con año, se derramaba con crecientes y rompía varios puntos de la trayectoria del canal en los meses de agosto y septiembre, así que se gestionó construir una presa que detuviera por momentos las aguas por recomendación de ingenieros, una presa derivadora.

Entonces pregunté de dónde venía toda esa agua y me respondieron que de la presa de Huapango, la cual mandaba sus aguas a la presa del Molino y de ahí seguía su antiguo curso para ser desviado por el pequeño dique de la presa Santa Julia y de ahí a las tierras de Polotitlán.

Cuando escrituré me entregaron una antigua copia heliográfica con la fecha de 1925, la cual digitalicé, donde se hace la mensión del Río San Juan y el canal de Cazadero. Es un levantamiento de linderos solicitado por el dueño de la Hacienda del Álamo: David Garfias y realizado por el Ing. J. Basurto.

Imagen desde un globo que permite observar cómo corren
paralelos el río San Juan o Arroyozarco y el canal de
Cazadero donde son desviadas sus aguas regularmente
para regar tierras más altas, al norte de Polotitlán.

En los 29 años que tengo de ser vecino, en la época de secas es cuando más cargado viene el canal, por lo que discurrimos aventarnos con unas lanchas inflables que nos llevaba hasta el camino que va del Álamo a Santa Ana Matlavat, era muy divertido y pesado el regreso cargando lanchas.

La presa Santa Julia, año con año, se derramaba con crecientes y rompía varios puntos de la trayectoria del canal en los meses de agosto y septiembre, así que se gestionó construir una presa que detuviera por momentos las aguas por recomendación de ingenieros, una presa derivadora.

Entonces pregunté de dónde venía toda esa agua y me respondieron que de la presa de Huapango, la cual mandaba sus aguas a la presa del Molino y de ahí seguía su antiguo curso para ser desviado por el pequeño dique de la presa Santa Julia y de ahí a las tierras de Polotitlán.

Cuando escrituré me entregaron una antigua copia heliográfica con la fecha de 1925, la cual digitalicé, donde se hace la mensión del Río San Juan y el canal de Cazadero. Es un levantamiento de linderos solicitado por el dueño de la Hacienda del Álamo: David Garfias y realizado por el Ing. J. Basurto. Aguas provenientes de los bosques de Jilotepec y de una serie de manantiales alimentan desde antes de la llegada de los españoles, de manera continua, al río San Juan.

Éste atraviesa de un extremo a otro al municipio de Polotitlán, siendo junto con el Camino Real los dos ejes donde se sostiene la vida de este municipio, por lo que me puse a buscar información sobre la fuente que actualmente lo alimenta, la presa de Huapango, encontrando quién construyó su dique y por quién fue financiado.

Boletín del Archivo Histórico del Agua
Año 4 número 10, mayo agosto 1997

La presa de Huapango y la reglamentación de las aguas del río San Juan.

Investigado por Rocío Gamíño Ochoa

El 13 de julio de 1910 el Secretario de Fomento, Colonización e Industria solicita al Archivo General y Público de la Nación, antecedentes de la edificación de la presa de Huapango en Arroyozarco, su dimensiones y la distribución de sus aguas.

Lo importante de este “apunte” es que nos da noticia sobre los usuarios del río San Juan desde 1565. De estas aguas se beneficiaban en 1591, las haciendas de Arroyozarco y Huapango, propiedades de Pedro Quezada. De esta hacienda existe una gran lista de dueños, entre los que destacaban, a principios del siglo XVIII, los carmelitas de San Ángel y de la Ciudad de México, así como las misiones de California, también registra detalladamente sus colindancias.

En 1712 se asientan las diligencias llevadas a cabo para la composición de tierras y aguas del pueblo de San Juan del Río, con límites, extensiones, haciendas, labores, estancias de ganado, casas y huertas de españoles. En esas diligencias uno de los testigos declara: “que San Juan del Río, ha gozado de toda el agua que nace en los bosques de Jilotepec, en virtud de los títulos firmados por el virrey Don Luis de Velasco, donde constaban las dimensiones y linderos de San Juan del Rio”.

En el siglo XVII cuando Nueva España estaba dividida por reinos, San Juan y Arroyozarco pertenecían al Reino de México de la Nueva España, por otro lado luce injusto que las haciendas y poblaciones del estado de México no tuvieran derecho sobre sus aguas por el hecho de que un Virrey hubiera concedido dichos derechos. Actualmente supongo que hay una corrección al respecto.

Seguramente, para utilizar mejor las aguas mansas y “bravías” del río, se ordenó la construcción de una presa que garantizara la dotación, inclusive en tiempo de secas. El expediente contiene una larga transcripción del informe que hace el maestro en el arte de arquitectura y agrimensor de la Real Audiencia José del Mazo y Avilés, a quien se le encargó la construcción de la presa Huapango, proyectada en el sitio conocido como “sabana guapango”, donde también brotaban manantiales de agua cristalina.

Esa obra fue financiada con los fondos “piadosos” de las misiones californianas y realizada aproximadamente durante los años de 1785 a 1788. En este documento el arquitecto agrimensor describe:

Para cumplir con el encargo referido pasé a esta hacienda [de Arroyozarco] el 30 de enero del año anterior a plantear la obra mencionada. Con este objeto reconocí el Paraje donde convenía quedar situada la presa, el vaso o recipiente de las aguas que han de guardarse para el riego del trigo, las tierras que debían, o deben fertilizarse en él.Hice así mismo las nivelaciones oportunas para conocer las diferentes alturas y regular por ellas el grueso que debía dárseles.

Concluido esto, hice que a mi vista se abrieran gran parte de los cimientos que rayé, que se comenzara a trabajar con mampostería.

Y continúa relatando los materiales que utilizó, tiempo en que transcurrió la obra y costos; comenta el diseño de las compuertas, cómo seleccionó la cantera, tezontle y lozas; la cantidad de indios que se destinaron a la obra y la capacidad de almacenamiento para poder regar doscientas cargas de sembradura de trigo.

Aunque a la presa se le hicieron varias inspecciones por peritos de la Real Audiencia, en año de 1790, fecha en que cambió el administrador de la “hacienda de Huapango” y por el protocolo requerido de entregar todas las pertenencias de inmueble al sucesor, nos enteramos que la presa presentaba filtraciones considerables de agua y estaba sumamente deteriorada.

Desafortunadamente, el arquitecto, Del Mazo nunca pensó, ni se enteró que su obra tendría desperfectos. Siempre estuvo seguro de que el dinero empleado, los materiales y su proyecto de construcción fueran los más convenientes.

Todavía para el año de 1853, el Ministerio de Justicia, Fomento e Instrucción Pública se proponía ordenar las mercedes de agua de San Juan del Río y Polotitlán, y de hecho decretó la misma concesión de agua que desde el siglo XVI San Juan del Río había cedido a Polotitlán y Jilotepec, testimonio que, confirmó en el año de 1911, acompañado de todos estos antecedentes.

Podemos decir entonces que San Juan del Río vivió y creció teniendo el dominio de un cuerpo de agua que se encuentra en el Estado de México, al igual que la capital de nuestro país que recibe agua del sistema Cutzamala que se bombea de 1600 m.s.n.m. hasta los 2702 m.s.n.m. en su punto más alto. Sin lugar a dudas éste es un tema que hay que atender con cuidado, el agua que cae en el centro del país da vida a muchos poblados y ciudades por lo que hay que prestar atención a un uso selectivo, de reciclaje, que permita garantizar agua para los cultivos que nos alimentan, por lo que se antojan nuevos sistemas de riego por goteo, uso de invernaderos, captación de agua de lluvia o captura de la humedad del viento.

Dentro de las obras hidraúlicas del pasado se encuentra la presa del Derramadero, en San Antonio el Viejo; tiene una pilastra de cantera en el arco central que dice “Por los Señores J. Ysita y F. Garfias 1893”.

Este dique de más de un kilómetro de largo tiene, en la porción central y más profunda, tres arcos que soportan el empuje de las aguas, y cuenta con un embalse de una longitud de 1600 metros de largo por un ancho promedio de 400 metros. Se encuentra prácticamente dentro del área urbana de la cabecera municipal de Polotitlán.

El agua que llega a nuestras casas, oficinas e industrias ha hecho un largo recorrido para que podamos tomarla o hacer uso de ella, Polotitlán apenas en un pasado reciente logró contar con agua potable, a partir de la perforación del primer pozo profundo.

Varias personas, entre ellas José Luis Chavero, me han platicado las dificultades que tuvieron que pasar para perforar en 1998 el primer pozo, éste es un resumen de lo que me relataron:

Durante la sequía, el agua que nos correspondía la mandaron a Hidalgo y a San Juan del Río, entonces nos ayudaron con pipas. Muchos presidentes municipales tuvieron la idea de solucionar el asunto del agua potable, entonces Adán Chavero, siendo presidente municipal, formó el Comité Pro Agua Potable de Polotitlán en el que participaron: José Luis Chavero Reséndiz, José Sánchez Romero, Gilberto Bravo Navarrete y José Luis Garfias. Ahí colaboró mucha gente, hubo unos que intentaron hacer un pozo, pero las autoridades del estado aseguraban que aquí en Polotitlán no había agua… José Luis Chavero llegó hasta con el mismo presidente de la Madrid, y por medio de su secretario Emilio Gamboa, mandaron la perforadora para el primer pozo, muchos cooperaron con lo que pudieron, hubo charreada a beneficio, rifas y, bueno, cada quién daba lo que podía, incluso con trabajo; la Unión de Productores de Leche hizo una aportación de un millón de pesos.

Por otro lado, junto con el geólogo Javier Bravo y María Luisa Sánchez, se buscó el punto dónde perforar en el lecho del río con una horqueta verde, hasta que sentimos la energía en las manos, cercano a las piedras. Luego hicimos un sondeo con aparatos que corroboraron que ahí había humedad a partir de 220 metros.

Nos enviaron la perforadora y después de varios días, a 150 metros de profundidad, ya se nos estaban desanimando, pero siguieron hasta que se hizo el aforo de agua, después de perforar a una profundidad de 330 metros; el agua salía a 28 grados, fue un momento de gran alegría para todos. Finalmente teníamos agua potable.

Después, para el segundo pozo, contrataron una de las perforadoras de las que tenía un vecino, Alfonso Adame, que perforaba pozos petroleros, la cual podía llegar hasta los 500 metros de profundidad. Luego se perforaron otros pozos: Barranca 2, el de Celayita, Los Gavilanes y Encinillas. Destacó la gran labor de Manuel Bárcena Basurto quien hizo la conducción del agua a nuestras casas.

Hay que reconocer que la Unión de Productores de Leche de Polotitlán, aportó las utilidades de ese año para hacer la perforación del primer pozo.

Tramo del río San Juan o Arroyozarco, cercano al área donde se perforó el primer pozo que surtió de agua potable a Polotitán.

Hace algunos años, un hombre mayor de una hacienda me decía que abajo del cauce de un río corre otro oculto, porque la humedad del que va en la superficie va permeando hacia abajo, hasta que encuentra materiales que ya no le permiten seguir filtrándose. Ahí aguarda hasta que algo o alguien, lo invita a salir.

Textos y Fotografías: José Manuel Rivero Torres